"¿En este colegio pueden admitir a mi hija?".
"La señora estaba, temblando, nerviosa”, recuerda la profesora que la atendió. Ella había decidido retirar a su hija de siete años del colegio de Comas donde estudiaba, porque ningún niño quería acercársele. Habló con las profesoras, pero ellas no hicieron tampoco nada para integrarla. Al parecer, sólo deseaban que la niña se retirara. La razón es difícil de creer: tanto la hija, como la madre, son negras.
Las manifestaciones de racismo en el salón de clases están mucho más extendidas de lo que normalmente se cree. “Yo tengo que estar alerta para que no se burlen de los que hablan con acento serrano”, dice una profesora que enseña en un colegio estatal de una zona marginal de Chorrillos. En un colegio de Miraflores, cada vez que algo se perdía, las sospechas recaían en el único niño negro del colegio, hijo de un diplomático cubano.
Una fuerte responsabilidad en estas actitudes la tienen las propias familias. “He logrado que en la clase todos se acepten y se lleven bien, pero a algunos padres no les gusta que sus hijos alternen con los más cholitos”, revela una maestra. Los padres que ven en un colegio particular la consolidación de un status o un instrumento para el ascenso social suelen ser los que más promueven actitudes racistas en sus hijos.
Fuente: Internet

Sin embargo, hace poco unos amigos, que han procurado inculcar a sus hijos valores de tolerancia y respeto a las diferencias, descubrieron que su hija de seis años se sentía superior a sus primas, porque tenía la piel más clara… y ellas se consideraban inferiores. Los medios de comunicación, al presentar permanentemente escenas donde solamente las familias rubias disfrutan de la vida, influyen mucho en la percepción de los niños sobre sí mismos y sobre los demás, generando actitudes racistas y sentimientos de baja autoestima.
Naturalmente, los niños con baja autoestima tendrán también problemas de rendimiento. La mejor muestra de que ni la campaña escolar se salva de la publicidad racista, son los encartes de las tiendas Ripley, que sólo presentan escolares rubios. A pesar de ello, colegios como el Markham, el Alpamayo y el San Silvestre, se han vinculado a dicha empresa para vender allí los uniformes de sus alumnos.
Mayor responsabilidad aún tienen los colegios particulares que presentan solamente imágenes rubias en sus avisos. “A mi hija rubia la llamaban siempre para las fotografías del colegio y para la escolta. A su hermana, que tiene mejores notas, la ignoran”, declara una señora cuyas hijas estudian en Pueblo Libre. ¿Cómo cree usted que se sienten los niños cuyos rostros son rechazados por su colegio?
“Muchos adolescentes tienen vergüenza de dibujarse a sí mismos” revela un psicólogo. Lamentablemente, la mayoría de docentes no considera su responsabilidad enfrentar estos prejuicios o son abiertamente racistas. “¿Por qué están admitiendo cholitos en el Newton? Allí van a sufrir”, declara un estudiante de educación de la Universidad San Ignacio de Loyola... que hace sus prácticas en dicho colegio y recuerda con nostalgia los tiempos en que a los colegios prestigiosos sólo acudían niños blancos.
Burlarse de un apellido quechua o del acento andino es frecuente en algunos maestros, inclusive en las ciudades de la sierra. A su vez, muchos profesores andinos discriminan a los niños nativos en la selva. Debe decirse también que, en algunos casos, los propios profesores son objeto de selección racial, cuando se solicitan profesores de “excelente presencia” (un colegio de La Molina llegó a solicitar hace una semana una directora, con este único requisito).
Es lamentable que varios colegios con publicidad o prácticas de contratación discriminatorias sean colegios religiosos. En varias ciudades del Perú, algunos de estos colegios se han convertido en símbolo de elitismo y sus alumnos creen que pueden menospreciar a los demás estudiantes. El caso más grave que se nos ha informado es el del colegio Santa Rosa, del Cusco. A pesar de ser un plantel estatal, estuvo por décadas dirigido por una religiosa, cuyo sistema de selección se restringía a las hijas de las familias acaudaladas. “Y el criterio no sólo era el dinero, sino los rasgos físicos. Todas las niñas rubias del Cusco estudiaban allí”, recuerda una abogada integrante de una organización de derechos humanos.
Dicho sea de paso, el colegio donde la niña negra fue discriminada era un colegio religioso… pero también aquél donde fue acogida. Allí las maestras conversaron previamente con los niños, para que aceptaran a su nueva compañera. “Lo hemos tenido hecho también con alumnos que vienen de la sierra y con los que tienen alguna discapacidad”, recuerda una profesora. Los años que uno transcurre en el colegio son el mejor momento para enfrentar las actitudes racistas. Sin embargo, las valiosas iniciativas mencionadas se deben al criterio ético de los docentes y no a ninguna directiva oficial. ¿No sería oportuno que en cada colegio se propusiera un plan especial contra la discriminación? ¿No es urgente que el Ministerio de Educación disponga enfrentar este problema a nivel nacional?
Tomado de:
Reflexiones Peruanas
agenciaperu.com
http://www.agenciaperu.com/columnas/2005/feb/reflexiones6.htm
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