La agresividad es una de las fuentes principales de energía del ser humano. De esta se desprenden la vitalidad y la capacidad del niño de explorar y adaptarse al medio.
Sin embargo, preocupa mucho a los padres cuando el niño expresa su agresividad agrediendo a otros o a sí mismo. Es importante ser conscientes de que el niño nos está comunicando algo con esa conducta. Quizá se siente molesto o frustrado con algo que le está pasando. Los padres deben ayudarlo a expresar esa molestia con gestos o palabras, más que con acciones.
Es útil hablarle de lo molesto que puede sentirse y no limitar la conducta agresiva, sino motivar al niño a entender y expresar la agresividad a través de canalizadores como el juego.
(*) Psicóloga clínica Nido Mami & Yo
|