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A mediados del mes pasado se puso en servicio, por primera vez en el Perú, una línea de transmisión de 500 kV (Chilca – Planicie – Carabayllo) a cargo del Consorcio Transmantaro, empresa del grupo ISA.
Gracias a una gestión de Rubén Cano y el ingeniero Luis Marañón, se me permitió realizar una visita a la subestación Chilca para realizar este artículo. Lo hice acompañando al coordinador del proyecto, ingeniero Johnny Taipe, a quien le agradezco especialmente por su disposición para soportar mi compañía en su visita cotidiana a la obra.
No precisaré mucho de números de dimensiones ni potencias, sino la óptica de quién está familiarizado con los 220 kV y de pronto conoce otra realidad: los 500 kV.
Chilca es una flamante subestación, única, metida en una zona semiárida de una desviación a unos 3 kilómetros de la carretera Panamericana Sur, más o menos en el kilómetro 61. Está rodeada de varias otras empresas generadoras de electricidad de alta potencia. Son las centrales térmicas a base del gas natural de Camisea, en ciclo simple, con un rendimiento de combustible mucho menor al 50% y por eso ya se tiene previsto la conversión a ciclo combinado, que incrementará la potencia generada en más de 200 MW sin que sea necesario utilizar más gas natural, pero que sí genera un buen gasto inicial.
Con Johnny hicimos un recorrido por el patio de llaves de 500 kV. Apreciamos inmensos equipos como son los seccionadores con doble soporte de aisladores para que sean capaces de resistir los torques de maniobras de cierre – apertura; los robustos interruptores de procedencia francesa tienen en cada fase cuatro bases antisísmicas ubicadas a mitad de la estructura metálica necesarios para amortiguar los grandes esfuerzos vibratorios que puedan crearse ante un sismo. Asimismo, cada fase de interruptor tiene una cómoda escalera metálica para que el asistente, o el personal de mantenimiento, tengan un acceso fácil a los medidores de control y al tablero eléctrico. Igualmente, la cúspide de los transformadores de medida TC y TT están a unos 8 metros de altura, por lo que su atención futura debe ser con el apoyo de una grúa tipo canastilla.
Los cuatro enormes autotransformadores de 220 a 500 kV (tres para el servicio y uno de reserva) ya están ocupando su ubicación separados por altos muros “cortafuegos” para evitar la radiación calorífica entre uno y otro en el supuesto caso del incendio de uno de los autotransformadores. Llama la atención la innovación en el traslado del aceite dieléctrico en el que es transportado en bolsas con el aceite dentro de contenedores en vez de los tradicionales cilindros metálicos; pensamos que así se minimiza la posible contaminación del aceite por acción de gotas de agua o de suciedad, como también en la facilidad de transporte de contenedores en vez de cientos de cilindros.
El recorrido concluyó con los servicios auxiliares, donde existen bancos de baterías por cada dos celdas, pues la filosofía de su uso ha cambiado bastante: no se puede depender de un solo banco para toda la subestación porque en cualquier imprevisto que le ocurra a este banco, toda la subestación se vería afectada. Ahora se tiene el concepto de servicios auxiliares distribuidos, lo que incrementa la seguridad y confiabilidad. En este último caso, puede fallar algún banco de baterías, pero tenemos otros alternos que suplirían al que haya fallado.
Debido a que Johnny tenía que realizar otras labores, antes del retorno a Lima me acerqué a la sala de mando a conversar con nuestro compañero Nestor Cuadra, quién me hace una descripción de la SE Chilca y los proyectos a futuro. Actualmente esta subestación despacha 1,100 MW. Pronto lo hará en niveles de 1,600 MW y en el futuro llegará a 2,500 MW, constituyéndose como la más importante del país. Comprende 96,000 m² (algo más de 9 hectáreas) que en la actualidad debe recorrer diariamente, parte de ella a pie por inspección y cada vez que se tenga que realizar un cambio de barras; o por mantenimiento de la línea, en el que es obligatorio verificar personalmente las operaciones de seccionadores en coordinación con el centro de control.
Ante esta situación creo, en mi humilde opinión, que el asistente de la SE Chilca debería tener una movilidad sencilla, como lo es una bicicleta eléctrica recargable, que ya están en venta en nuestro país. Asimismo, debido a la contaminación del polvo propio de la costa peruana, debería haber un área verde que sea regada por goteo, por la escasez de agua, similar al que se instaló en la SE Chavarría. Y en el futuro debería haber un acuerdo entre las empresas eléctricas de la zona y la municipalidad provincial de Chilca para tener una pista asfaltada común y así minimizar el levantamiento del polvo, perjudicial para instalaciones de alta tensión.
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