TOKIO. ¿Alguna vez ha deseado tener un doble? ¿Alguien idéntico a usted que se encargue de realizar el trabajo pesado, aquello que a usted no le gusta, le da miedo o pereza hacer? Un reemplazo que no se canse y esté disponible las 24 horas del día, un empleado que no pida vacaciones ni aumento de salario, que no reclame y que lo pueda sustituir en el trabajo, en reuniones sociales o en cualquier otra actividad de la vida diaria. Todo un sueño, ¿verdad?
Un sueño que Hiroshi Ishiguro, científico y catedrático de la Universidad de Osaka, ha convertido en realidad a través de Geminoid H1-1, un androide (robot con apariencia humana) que fabricó a su imagen y semejanza. Una réplica cuya perfección no se basa en tener el mismo rostro, ropa, anteojos o peinado de su creador, sino en su capacidad para reproducir la expresión facial de Ishiguro, sus gestos, el movimiento nervioso de sus manos, la forma de sentarse y hasta la voz, entre otros numerosos detalles y micromovimientos que diferencian a un humano de una estatua, un robot o un muñeco. Todo ello, gracias a diversos programas de captura de movimiento que el investigador ha desarrollado en los últimos cinco años.
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UBICUIDAD
A Ishiguro, que además de catedrático en la Universidad de Osaka es uno de los investigadores principales de la empresa ATR Intelligent Robotics and Communication Laboratories, su recargada agenda fue la que en realidad lo inspiró y animó a fabricarse un hermano gemelo que lo pudiese reemplazar en alguno de sus dos trabajos. “Cuando pueda manejar el Geminoid H1-1 por Internet, colocaré uno en la Universidad de Osaka y otro en los laboratoriosATR, y así podré hacer mi trabajo mientras tomo el sol en un centro de veraneo”, asegura entre risas, a pesar de que él mejor que nadie sabe que la idea es perfectamente posible en un futuro cercano.
Por el momento, el Geminoid H1-1 es básicamente un cuerpo operado a distancia por su propietario, que, sin embargo, debe permanecer en el mismo edificio con su réplica para poder manejarla. El robot no piensa por sí mismo, pero posee un cierto rango de movimientos autónomos, que son generados como respuesta a estímulos externos. El androide tiene dos microcámaras en vez de ojos, y un parlante instalado dentro de la boca por el cual “habla”, moviendo los labios en concordancia con el mensaje que transmite su operador. En cuanto a la audición, este sentido es reemplazado por dos audífonos que captan tanto o más que un tímpano de piel y membrana.
Ishiguro, que ha bautizado como ‘ciencia androide’ el conjunto de conocimientos que ha ido utilizando en el desarrollo de su gemelo, tiene una forma bastante innovadora de ver a los robots: no como un juguete, herramienta de trabajo, vigilante o compañía para ancianos, sino como un ingenio metálico que nos puede enseñar mucho sobre nosotros mismos, es decir, no sobre máquinas sino sobre el ser humano.
“El Geminoid básicamente reproduce diversos aspectos de su operador, por ello se lo puede ver como una especie de simulador del cuerpo humano donde se muestran las funciones del cerebro y los músculos, principalmente”, explica Ishiguro en una de las varias tesis y publicaciones que ha escrito sobre su gemelo.
“Nosotros usamos dos enfoques para crear el Geminoid: uno es el enfoque de ingeniería que, básicamente, busca desarrollar una interfaz eficiente y eficaz para la teleoperación del androide, así como movimientos naturales iguales a los del cuerpo humano. El otro enfoque es el cognitivo, en el que investigamos el modo de transmitir la presencia humana por medio del Geminoid”, añade.
Como es de suponer, el molde para fabricar el androide se toma del propio cuerpo del operador.
LA PRESENCIA DEL OTRO
El gran reto que enfrentó Ishiguro desde un principio, en el que ha progresado de forma notable pero que todavía no logra solucionar completamente, es cómo dotar al Geminoid de lo que en japonés se denomina ‘sonzai-kan’, una expresión que traducida textualmente significa “presencia”. Es decir, la sensación o el sentimiento que experimentamos los seres humanos cuando tenemos a otro ser humano frente a nosotros, incluso, sin pronunciar palabra o moverse.
La forma que encontró Ishiguro de transmitir esa presencia humana por medio del androide fue dotarlo de esa serie de movimientos y detalles que forman la conducta humana. Un lenguaje no verbal en el que se incluyen cosas como la forma de respirar, la frecuencia del parpadeo, el leve balanceo de nuestro peso entre ambos pies cuando estamos parados, la forma en que levantamos los hombros al hablar, etc. Pero todavía hay mucho por perfeccionar.
Versión femenina
Luego de casi un lustro de haber creado el primer Geminoid H1-1, Ishiguro presentó el Geminoid-F, una versión femenina de su desarrollado androide, la cual busca comercializar por un costo de US$110.000. La bella robot ya fue “contratada” de forma experimental por un hospital en Osaka para que reconforte y haga compañía a los pacientes, algo que logrará gracias a su capacidad para expresar emociones, especialmente para sonreír mostrando los dientes. El nuevo miembro de la familia Geminoid también puede enojarse, mostrar sorpresa, miedo e incluso ruborizarse.
SEPA MÁS
En Hollywood
En el 2009 Bruce Willis protagonizó la película “Identidad sustituta” (Surrogates), una cinta futurista que describe un mundo en el que todos los seres humanos poseen un gemelo de silicona y metal al cual utilizan en la vida diaria. El director del filme, Jonathan Mostow, se inspiró parcialmente en Ishiguro y su androide, a los cuales incluye en la secuencia inicial de la cinta.
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